Mi historia de lactancia Parte 2

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Mi historia de lactancia 2ª parte


Continúo con la segunda parte de mi historia de lactancia, con la cual participo en el Carnaval Bloguero, de celebración del Día Mundial de la Lactancia Materna (#dialactancia), organizado por Sheyla Gómez (http://www.elalmaylalactanciaaldescubierto.es/semana-mundial-de-la-lactancia-materna-2015-carnaval-bloguero/).



Mi consultora de lactancia acudió a ayudarme, observó una toma al pecho, descartó que hubiera problemas de agarre, descartó que hubiera algún problema en mis pechos como hipoplasia, me hizo muchas preguntas. Su indicación fue extraer leche cada dos o tres horas y agendó una segunda consulta. En esa segunda consulta vio que no hubo muchos avances, su diagnóstico fue hipogalactia (baja producción de leche) causada por desajustes hormonales, los cuales habían sido una situación frecuente desde mi adolescencia, que provocaron quistes en un ovario y problemas de fertilidad. Así que el plan de acción continuaba igual, extraer leche cada 2 o 3 horas, incluyendo en la noche, ofrecérsela a mi bebé usando un suplementador y seguir dando fórmula, igualmente con el suplementador, hasta que mi producción aumentara.

Pasaron semanas y no hubo muchos avances, así que fue necesario recurrir a tomar medicamentos galactagogos en dosis muy altas. Las extracciones continuaban igual, cada 2 o 3 horas, primero con bomba y luego con la mano. Mi itinerario era extraer leche 20min con bomba, luego 10 minutos con la mano, luego ofrecérsela a mi bebé con el suplementador, y completar con fórmula. Luego lavar y esterilizar todo. Después de todo ese proceso, atendía a mi bebé en lo que necesitara, comía algo rápido, me bañaba, bañaba a mi bebé, y pronto llegaba la hora de volver a comenzar. Así pasé semanas y semanas, de encierro total, no salía de casa por estar enfocada en eso, mi meta era llegar a una lactancia materna exclusiva, sin embargo nunca lo logré, siempre fue necesario suplementar. La leche fue aumentando poco a poco y eso me motivaba a continuar, aunque lo máximo que llegué a producir al día fueron 26 oz.

De pronto llegó otra sorpresa. Además de mi hipogalactia, otro problema se presentó. En una consulta de seguimiento, mi consultora de lactancia detectó frenillo lingual corto, con lo cual mi bebé sacaba muy poca leche de mis pechos, a pesar de que yo ya estaba produciendo casi el total de lo que él tomaba. Aunque yo decidiera dejar de sacarme leche y alimentarlo desde mi pecho sin sumplementador, mi bebé nunca iba a poder extraer totalmente y por sí mismo, la leche que mis pechos estaban produciendo. A menos de que le hicieran una cirugía.

Después de los 8 meses, mi bebé ya no aceptó el suplementador, así que tuve que comenzar a darle mi leche en biberón. Así continué hasta los 22 meses de mi bebé, siempre dependiendo de la bomba y de un itinerario definido para las extracciones.

En todo ese tiempo, tuve el apoyo de mi familia, pero a pesar de su apoyo, ellos llegaron a decirme que estaba obsesionada, y que era mejor que dejara de hacer todo eso y solo darle fórmula. Incluso llegaron a decirme que esa forma de alimentar a mi bebé no era natural ni normal, porque mi leche era producida por los galactagogos y por la extracción con la bomba. Esos comentarios me hacían sentir mal, porque yo sabía que no tenía una lactancia "normal", en la que el bebé saca la leche directamente de los pechos de su madre, sin tener que tomar galactagogos y sin usar una bomba.

Aun hoy, que mi hijo tiene casi dos años, yo siento tristeza de no haber tenido la lactancia materna que hubiera querido, pero a pesar de eso, me siento satisfecha porque aunque nunca fue al 100%, mi bebé recibió leche mía, mi bebé fue alimentado con lo que mi cuerpo pudo producir para él. Pude por lo menos alimentarlo directamente desde mi pecho durante 8 meses con la ayuda del suplementador, y 14 meses más con biberón con leche extraída. Ahora, viendo hacia atrás, creo que no lo hubiera logrado sin la asesoría de una consultora de lactancia, a quien le estaré eternamente agradecida.

Ahora sé que no importa cuántas onzas de mi leche recibió mi bebé. Ahora sé que cada gota de mi leche que Harí recibió de mí, estaba llena de amor hacia él, y este es mi mensaje para todas esas madres que están viviendo o han vivido algo parecido. No importa cuánta leche materna reciban su bebés de ustedes, lo que importa es el amor que regalamos a nuestros hijos en cada una de esas gotas. Otro mensaje que quiero que tengan muy presente es que se informen y que busquen apoyo de expertos en lactancia, y no se den por vencidas cuando haya algún obstáculo en el camino, nuestros hijos merecen recibir nuestro amor, nutrición y protección en cada gota de nuestra leche.

Agradezco que hayan leído mi historia y si quieren regalarme un comentario o si tienen alguna duda con gusto los recibo en contacto@crianzaamorosaynatural.com